Las etiquetas ya no son suficientes para definir a Mateo Palacios Corazzina, artísticamente conocido como Trueno. El artista de La Boca protagonizó una edición histórica del 'Red Bull Symphonic', un evento que por primera vez en Argentina fusionó a un referente del género urbano con una orquesta sinfónica completa, creando una experiencia musical completamente nueva y por única vez.
El escenario del Teatro Coliseo fue testigo de cómo se rompían todos los esquemas. Lejos de la formalidad de un traje y zapatos lustrados, Trueno subió a escena con sus icónicas zapatillas Air Force One blancas para liderar una noche que agotó todas sus entradas en tan solo una hora y fue transmitida en vivo para todo el mundo a través de su canal oficial.
Red Bull Symphonic se basa en esta colaboración sin precedentes entre un artista de estilo moderno y un director de música clásica, reinterpretando un repertorio en un formato espectacular.
A las nueve en punto, los acordes de la orquesta dieron inicio a un viaje sonoro demoledor, con Trueno enlazando "RAIN III" y "Feel Me". Desde ese momento, quedó claro que no sería un recital más, sino un hito en su carrera. El ensamble orquestal, dirigido por el arreglista Sebastian Fucci, y con la colaboración de Pedro Pasquale, productor y miembro de la banda de Trueno, le dio una nueva dimensión a todo su repertorio.
La noche estuvo cargada de momentos inolvidables y colaboraciones de lujo. Su padre, Pedro Peligro, y su amigo Kmi420, se sumaron para aportar la esencia del hip hop en canciones como "Tranky funky" y "Fuck el police". Sin embargo, uno de los puntos más altos llegó con la sorpresiva aparición de Milo J para interpretar una exquisita versión de "Tierra Zanta", que fue ovacionada de pie por el público. Más tarde, el legendario bandoneonista Rodolfo Mederos regaló un momento emocionante al sumar su inconfundible sello en la canción "Argentina".
El cierre fue épico con una increíble versión de "Dance Crip", donde Mateo incluso simuló ser el director de la orquesta por unos instantes. Con este espectáculo, Trueno no solo reafirmó su lugar como una de las voces más poderosas de su generación, sino que demostró que su música puede cruzar cualquier frontera.